Medicalización de la vida

Si alguien se siente desanimado hoy, está nublado, discutió con su pareja, le cuesta llegar a fin de mes, y está acatarrado… Por lo que le apetece estar solo, en su sofá, no relacionarse… Tiene distintas formas de afrontarlo.

En las situaciones similares a las expuestas, podemos seguir dos de los siguientes caminos:

  1. La introspección: esa gran olvidada. “Necesito un tiempo para mí, para estar tranquilo, curarme el catarro, echarme una siesta, y replantearme la relación tranquilamente. Y no tengo plan social, porque no me apetece, porque tengo derecho a poder decidir no tener plan más que estar conmigo mismo”
  2. Medicalización de la vida. “Me siento mal, algo tendré que tener mal, algo malo me está ocurriendo. Voy a irme a urgencias al médico para que me dé algo para que se me pase ya, que yo mañana tengo curro y pasado viaje“.

 

¿Por qué todo se nos hace cuesta arriba?

Estamos, por fin, en otoño. Comenzamos nuevos periodos personales, laborales y escolares, volvemos a la rutina y disminuyen las horas de luz. Es comprensible, que, en este punto, esta “vuelta al cole”, nos traiga esa sensación de tristeza, de angustia, de nostalgia, e incluso nos genere malestar. Puede que nos apetezca dormir más, que vayamos de mal humor al trabajo, y que estemos más irritables, que tengamos un catarro y estemos menos motivados que de costumbre. Puede incluso que esto nos preocupe, que nos genere tensión, que nos duela la cabeza.

 

¿Hasta qué punto podemos considerar esto un problema, o un proceso vital normal?

Ahora bien. ¿Todo esto es lógico no? Todo esto supone un cambio, y como todo cambio, requiere un periodo de adaptación. Podemos plantearnos que un cambio en las condiciones meteorológicas nos hace más susceptibles a un catarro.  Podemos plantearnos que hay ciertas cosas que no nos apetecen o que no nos gustan, que forman parte de nuestra vida, y podremos pararnos y decidir cuál será nuestra actitud respecto a ellas.

En una conversación casual, en un bar, con amigos, se escuchan frases como: “Tío, estoy de depresión postvacacional”, “Chica, tengo un trancazo, voy a irme a la farmacia a por antibiótico”. Parece algo sin importancia, pero son frases que medicalizan la vida, y mezclan los procesos que requieren atención sanitaria de los que no. En muchas ocasiones, en éste momento social actual de prisa, de exigencia, de soluciones rápidas y concretas, y quizá de poco tiempo dedicado a la reflexión y la búsqueda de herramientas personales de inteligencia emocional, buscamos medicalizar procesos habituales y convertir en problemas aquello que simplemente son procesos.

 

¿Cuál es el problema a de creer que un resfriado requiere un antibiótico, un desamor un antidepresivo, o un examen un ansiolítico?

El problema es creer que una pastilla aquí, ahora, va a solucionar el problema. Un problema que muchas veces sólo requiere tiempo– resfriado-, afrontamiento– examen- y reflexión personal– desamor. Una pastilla es una ayuda para paliar parte de los síntomas, de manera momentánea, y en ningún momento sustituye un proceso físico o personal.

El problema es que en muchas ocasiones, esa misma pastilla, sin indicación, no sólo no soluciona el problema si no que lo perpetúa. La utilización de medicamentos ansiolíticos y antidepresivos en España se ha triplicado en 10 años, según los datos publicados por la AEMPS. Las resistencias antibióticas se han incrementado debido al uso de antibióticos sin indicación, y se predice un futuro de fallecimientos por no disponibilidad de antibióticos eficaces.

 

¿Y entonces cuál es la solución?

Últimamente parece que tenemos que ser felices constantemente, hacer constantemente y demostrar esto frente a todo el mundo.   Esto crea la falsa ilusión de que todo el mundo es muy feliz y está muy ocupado y que eso es lo habitual. De tal manera que cuando por una segundo vivimos esas cosas que nos desestabilizan y que últimamente no existen: los catarros, la gastroenteritis, el desamor, las desavenencias en el trabajo, la pérdida de un ser querido… no sabemos qué hacer con ellas.

Se acepta cada vez menos que el sufrimiento es una parte ineludible de la realidad y llega a interpretar cada dolor como un indicador de la necesidad de intervención médica o psicológica. Es decir, hay unamedicalización de la vida cotidiana. Se está tratando la salud como al sector servicios, algo más que decidimos consumir, aquí, y ahora.

La solución no es la medicalización de la vida cotidiana.

Nosotros como sanitarios estamos a tu alcance para ayudarte con los procesos, pero la mayoría de procesos de tu vida no se solucionan con fármacos.


Reflexiona. No medicalices tu vida.


Irene García Álvarez
Residente Medicina Familiar y Comunitaria, CS Arturo Eyries, Valladoid

 

REFERENCIAS:

-“Desmedicalización de los procesos vitales” publicado en la web La otra psiquiatría y expuesto por Irene García Álvarez en las Jornadas de la Revolución Delirante 2017.

Revisado: Noviembre 2018.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *