Disfunción eréctil

¿Impotencia, pastilla azul, qué es lo que realmente me está pasando? Pese a que la disfunción eréctil es un tema tabú difícil de aceptar, tiene una repercusión importante en la calidad de vida de quienes la padecen y sus familiares. Puede preceder a otras enfermedades crónicas que a priori consideramos que no tienen relación.

Es fundamental precisar la causa de la disfunción eréctil y aconsejar el tratamiento más eficaz que cubra las necesidades y expectativas del paciente y su pareja.

¿Qué es la disfunción eréctil?

Es una enfermedad edad-dependiente de creciente interés, tanto en los varones como en sus parejas sexuales.  El National Institute of Health la define como “la incapacidad permanente o persistente para iniciar o mantener una erección suficiente como para permitir o mantener una relación sexual satisfactoria”.

¿Qué lo causa?

Le llamamos de etiología multifactorial, es decir puede tener causas orgánicas, psicógenas o mixtas. Alrededor del 25% de los casos de disfunción eréctil se asocia al uso de fármacos. Incluso en algunos casos se presenta después de un traumatismo o una intervención quirúrgica.

¿Es frecuente la disfunción eréctil?

A nivel mundial es más prevalente en varones mayores afectando a más del 50% de los mayores de 60 años y aumentando su frecuencia a partir de esa edad. Aunque según estudios epidemiológicos incluso el 8,6% se presenta en varones entre 25 y 39 años.

¿Se asocia a problemas físicos?

Existe una clara relación con factores de riesgo como las enfermedades cardiovasculares, diabetes, síndrome metabólico, depresión, síntomas relacionados con la hipertrofia prostática. Algunos fármacos para tratar  estas enfermedades pueden provocar una disminución del flujo sanguíneo hacia el pene alterando la erección.

Sin embargo los hábitos de vida como la obesidad, sedentarismo, tabaquismo, consumo de alcohol y otras drogas también influyen en la disfunción eréctil al producir lesiones vasculares e insensibilizar los nervios que controlan las erecciones.

Además, es una manifestación temprana (síntoma centinela) de ateroesclerosis y precursora de una enfermedad vascular sistémica.

¿Cómo se diagnóstica?

Se debe de realizar una historia clínica y sexual completa, exploración física así como una analítica reciente. Además, los síntomas deben persistir al menos 3 meses.

Se puede utilizar adicionalmente un cuestionario simplificado (SHIM: índice de salud sexual para el varón) que consta de 5 preguntas para apoyar la detección en aquellos con riesgo de padecerlo.

¿Si tengo disfunción eréctil… debo intentar buscar la causa?

Es importante determinar si el paciente presenta un déficit en la erección o si se trata de otro problema de la esfera sexual (eyaculación, deseo sexual u orgasmo).

Se debe evaluar cuándo y cómo comenzó la disfunción, si existieron circunstancias acompañantes y la evolución posterior.

También hay que investigar acerca de la calidad de la erección: máxima rigidez, tiempo de duración, capacidad de mantener la erección y presencia o ausencia de erecciones en situaciones especiales (matutinas, nocturnas, con masturbación, con estímulos visuales u otras parejas).

¿Ahora qué hago?

Consultarlo con tu médico de familia y tras una cuidadosa valoración del riesgo cardiovascular determinar si se trata de una disfunción eréctil.

En caso de existir factores de riesgo que sean modificables como la obesidad, falta de ejercicio, consumo de tabaco, alcohol y drogas,  hacer un esfuerzo para modificar el estilo de vida.

¿Cómo se trata?

Es importante recordar que el tratamiento no es curativo (excepto en la etiología psicógena) y debe ser orientado a la causa. La decisión de pautar un fármaco será en función de la frecuencia de las relaciones sexuales, necesidad personal…  siempre teniendo en cuenta las contraindicaciones.

El tratamiento debe de ser una estrategia escalonada, de menos a más agresiva, basada en criterios de eficacia y seguridad, informando al paciente y a su pareja.

Existen diferentes opciones de tratamiento: fármacos orales, ondas de choque, dispositivos de vacío, inyecciones intracavernosas, fármacos tópicos e intrauretrales hasta un implante de una prótesis de pene.

Se tiene que tener en cuenta que hay factores como el realizar una comida copiosa o grasienta influyen en la absorción y efecto de la medicación. Por lo general, requieren una estimulación sexual y es importante valorar si el tratamiento es suficiente o requiere un ajuste.

¿Todos los varones pueden iniciar un tratamiento farmacológico para la disfunción eréctil?

No, están contraindicados en pacientes que tomen cualquier forma de nitrato (cafinitrina, mononitrato de isosorbida, parches de nitroglicerida), los que han sufrido un infarto agudo miocárdico o arritmia severa en los últimos meses, aquellos con hipotensión o hipertensión no controlada así como angina de pecho inestable.

En general, es un problema de salud frecuente que se puede diagnosticar y tratar con el Médico de Familia. En ocasiones puede ser útil la terapia psicosexual y, en algunos casos, es necesario derivar a especialistas (Urología, Endocrino) si requieren mayores estudios o existe una falta de respuesta al tratamiento inicial.


Ilse Campuzano Juárez

Médico residente, MFyC, C.S. Plaza del Ejército, Valladolid

REFERENCIAS:

  • Brosetae, Budia A, et al, Urología Práctica, Elsevier 4ed. 2016 Disfunción eréctil 500-508
  • Cruz N, Ezquerro S, et al, Pautas de Actuación y seguimiento, Organización Médica Colegial de España, Disfunción eréctil. 2016
  • SEMERGEN Resimecum, Manual de Diagnóstico y tratamiento dirigido al Residente de Medicina Familiar y Comunitaria, 2015 Disfunción eréctil 125-127.

Revisado: septiembre 2017

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