El consumo de alcohol

alcohol

El alcohol y el tabaco son drogas permitidas, normalizadas en la sociedad española.  Tanto, que muchas veces al interesarnos por las mismas en consulta, los pacientes responden: “¿Qué cuánto bebo?, no sé, lo normal… no mucho.

¿Qué cuánto bebo? No sé, lo “normal”

“Normal” y “mucho” pueden diferir bastante entre unas personas y otras. Hay personas que no consideran que tomar cerveza sea beber, o que su hábito “normal” sea tomarse un chupito todos los días después de comer.

En España, el consumo de alcohol se caracteriza por una edad temprana de comienzo (entorno a los 14 años) con permisividad y fomento social del consumo, tolerancia de las intoxicaciones de fin de semana, y que paradójicamente coexiste con la estigmatización social del enfermo alcohólico. Al mismo tiempo, se producen al año unas 20.000 muertes relacionadas con el consumo excesivo de alcohol.

Yo es que solo bebo los fines de semana…

Sabemos que abstemio es aquel que no consume alcohol pero, ¿sabemos realmente cuanto alcohol consumimos? Para calcular la cantidad de alcohol que consume una persona utilizamos las U.B.E. (Unidad de Bebida Estándar), siendo 1 UBE,  10g de alcohol.  Para hacerlo más fácil, diremos que una cerveza o un vino equivalen a 1 UBE y una copa o un chupito a 2 UBE. Tendrá importancia el sexo, ya que el metabolismo es diferente.  Cierta cantidad aumenta el riesgo de consecuencias adversas para la salud si el hábito del consumo persiste, es un consumo de riesgo.

¿Cuándo hablamos de este consumo de riesgo?

En hombres >28 UBE/semana o ≥6 UBE en un día (3 vinos y un carajillo al día, lo sobrepasarían).

En el caso de las mujeres >17 UBE/semana o ≥5 UBE en un día (6 cervezas solo el sábado, lo sobrepasarían).

Es común el tipo de consumo de fin de semana, es decir, ninguna bebida alcohólica de lunes a jueves pero  5-6 UBE viernes y sábado.

Si hacemos cuentas, nos pasamos, aunque el resto de la semana no hayamos bebido. Calcúlalo para ti mismo.                                                                                           

Vale, pero es que bebo porque quiero, no porque lo necesite

Más allá del consumo de riesgo, consideramos el consumo perjudicial, aquel que conlleva riesgos tanto físicos como psíquicos para la persona que lo consume. Y además, consideramos la dependencia del alcohol. Hay muchos bebedores de tipo social, que beben en reuniones, en compañía. Pero también hay una parte importante que inicia el consumo de esa manera y acaba necesitando el alcohol para desempeñar sus actividades habituales, con afectación de su vida personal y laboral y con dificultad para controlar la situación.

Cuando se convierte en un problema

En España, un 10% de los hombres y un 5% de las mujeres son alcohólicos.

La predisposición genética, unida a un consumo temprano y sobretodo factores sociales, precipitan y mantienen este problema de salud. El alcoholismo es una enfermedad, una adicción, con un circuito que mantiene conductas destructivas, con graves consecuencias.

En consulta

3,4% de las consultas que recibimos en Atención Primaria están relacionadas con el alcohol. Nosotros valoramos la percepción, el consumo y la dependencia, y actuamos desde la prevención, iniciándose el interrogatorio en la adolescencia. Además de esta labor habitual, si detectamos un caso de riesgo en nuestro interrogatorio al paciente, o a su familia, iniciaremos una intervención. Para detectar estos casos, disponemos de varios test que evalúan consumo y dependencia (CAGE, el AUDIT o el KRAFFT) y además algunos que incluyen datos de deterioro objetivo del estado de salud (como el MALT).

La Intervención Breve en Atención Primaria ha demostrado ser costo-efectiva. Consta de cuatro simples pasos:

  1. Identificar el patrón de consumo, si es de riesgo, y los problemas físicos y psíquicos asociados a este consumo. Indagaremos sobre el interés del paciente a cambiar esta situación
  2. Informar sobre los puntos positivos del cese del consumo como la mejora de salud y problemas asociados, y los puntos negativos del consumo como los peligros que supone, los accidentes y enfermedades asociados, y deterioro del ámbito sociofamiliar
  3. Pactar con el paciente el camino a seguir, planteando varias opciones, desde cese hasta reducción del consumo, junto con recursos para el apoyo, haciéndole responsable de su propia salud, y mostrando nuestra confianza en él
  4. Continuar con este esquema si el paciente no quiere colaborar en este momento, reiterándole nuestro ofrecimiento en posteriores consultas

De esta forma tendremos varias fases en la situación del paciente hacia su alcoholismo, en un círculo: precontemplación (no percibe el problema), contemplación (percibe pero no actúa), acción y  mantenimiento. El círculo puede avanzar, repitiéndose las fases.

Controlaremos su estado de salud y le ofreceremos recursos psicosociales y farmacológicos para la fase de desintoxicación y de deshabituación, realizando seguimiento periódico de sus avances, y de su red de apoyo. Hasta un 75% de los pacientes realizan este proceso de forma ambulatoria, pudiendo ser derivados al siguiente nivel asistencial si la complejidad del caso lo requiere.

El alcoholismo es una enfermedad, no sólo un problema de conducta, y tiene consecuencias para tu salud y la de los que te rodean.  Si crees que necesitas ayuda, pídela.

Algunas web de interés:


Irene García Álvarez
Médico residente, MFyC, C. S. Arturo Eyries, Valladolid

REFERENCIAS:

  • Alcohol y atención primaria de la salud: informaciones clínicas básicas para la identificación y el manejo de riesgos y problemas. Washington, D.C. OPS, 2008., Organización Panamericana de la Salud ISBN 978 92 75 32856 9
  • MANUAL DE CONSENSO SOBRE ALCOHOL EN ATENCIÓN PRIMARIA SOCIDROGALCOHOL / SEMG / SEMERGEN / SEMFyC / FAECAP Socidrogalcohol ISBN: 978-84-945737-0-5

 

Revisado: abril 2017

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