Insuficiencia cardíaca

insuficiencia-cardiaca

En este post repasaremos por qué se produce la insuficiencia cardiaca, cuales son sus síntomas y cómo la diagnosticamos, y finalmente propondremos una aproximación terapéutica en la que el paciente es pieza fundamental.

La insuficiencia cardiaca es un síndrome clínico derivado del fracaso del corazón para ejercer sus funciones. Afecta a aproximadamente a 1 o 2 de cada 10 personas adultas, si bien su frecuencia aumenta con la edad, y su principal problema es que provoca una limitación vital importante tanto en calidad como en cantidad de vida.

¿Por qué se produce?

Como hemos comentado la insuficiencia cardiaca refleja la incapacidad del corazón para ejercer sus funciones de forma apropiada. Esto puede ocurrir por problemas propios del corazón: enfermedad de las arterias coronarias, enfermedad del músculo cardiaco, arritmias, problemas valvulares… o por alteración de las condiciones con las que el corazón trabaja: tensión arterial descontrolada, sobrecarga de líquidos (transfusiones, insuficiencia renal), anemia, alteraciones hormonales…

Por frecuencia, la cardiopatía isquémica sería la causa más frecuente, de ahí la importancia de la prevención cardiovascular (tensión arterial, colesterol, azúcar, tabaco, peso).

¿Cuáles son los síntomas?

El corazón funciona básicamente como una bomba de agua. Cuando esto falla se producen dos problemas; por un lado no se bombea agua(sangre) hacia delante (riñón, hígado, pulmones, cabeza, músculos) y por otro, el agua se acumula por detrás (sistema venoso y pulmones).

Generalmente ambos problemas coexisten en el paciente predominando unos síntomas u otros según la patología cardiaca y el propio paciente.

Síntomas
–          Fatiga con esfuerzos

–          Fatiga al estar totalmente tumbado con episodios de disnea por la noche

–          Debilidad y cansancio

–          Pérdida de apetito y de peso

–          Disminución de la diuresis

–          Edemas en extremidades

–          Distensión abdominal

–          Hipotensión arterial

Es importante señalar que la insuficiencia cardiaca sigue un curso episódico, con episodios de descompensaciones que a menudo requieren ingresos y que van poco a poco minando la capacidad funcional y vital de los pacientes.

¿Tengo insuficiencia cardiaca?

El diagnóstico de la insuficiencia cardiaca se basa en los síntomas del paciente y en una serie de signos clínicos detectados durante la exploración física. Sin embargo, con el objetivo de diferenciarla de otras patologías, es necesario demostrar una alteración de la dinámica del corazón.

La mejor forma de saber si el corazón está cumpliendo sus funciones es mediante un ecocardiograma donde podremos valorar la fuerza del corazón, su relajación y el funcionamiento de las válvulas.

Tratamiento: responsabilidad compartida Paciente-Médico

Una vez que identificamos a un paciente con insuficiencia cardiaca ,el objetivo es disminuir sus síntomas para mejorar calidad de vida y frenar la progresión de la enfermedad , para aumentar la expectativa de vida.

En esta labor tanto el médico como el paciente , tienen sus responsabilidades.

El MÉDICO debe estudiar al paciente para identificar causas potencialmente reversibles y que tienen su tratamiento específico: enfermedad coronaria, problemas valvulares, anemia… Además, para pacientes seleccionados en fases avanzadas de la enfermedad existen una serie de opciones terapéuticas específicas (desfibrilador, trasplante cardiaco…) que sólo pueden ser indicadas por personal muy cualificado.

Al margen de esto, el PACIENTE tiene que aprender a convivir con la enfermedad, aprender a manejar los síntomas y concienciarse de que a través del ejercicio físico y la dieta puede ayudar a que su corazón trabaje mejor. Lógicamente será labor del médico guiarle en esta tarea y prescribir fármacos cuando sea necesario con la idea de controlar 3 aspectos fundamentales de la función cardiaca:

  • Tensión arterial: el control de la tensión arterial ha demostrado aumentar la supervivencia, mejorando los síntomas y disminuyendo las hospitalizaciones. Lógicamente existen fármacos para esto, pero el ejercicio físico y la dieta equilibrada ayudan, y mucho.
  • Frecuencia cardiaca: igualmente que con la tensión arterial, disminuir el número de latidos por minuto ha demostrado aumentar la supervivencia y la calidad de vida en pacientes con insuficiencia cardiaca. Fármacos específicos son los beta-bloqueantes o la ivabradina, pero de nuevo, ejercicio físico y dieta equilibrada son fundamentales.
  • Líquidos: tanto como por exceso como por defecto no son buenos, y su regulación es la forma más efectiva de controlar los síntomas. Los diuréticos ayudan a perder líquidos, y su dosis se debe aprender a regular por el propio paciente. La ganancia rápida de peso y el incremento de edemas y disnea sirven de guía para ajuste del tratamiento.
Ejercicio físico –          Ejercicio físico aeróbico diario (30 minutos)

–          Evitar ejercicio anaeróbico (pesas)

Dieta

–          Dieta mediterránea

–          Evitar sobrecarga hídrica (aprox 1.5 l diario)

–          Evitar exceso de sal

–          Evitar comidas copiosas: 5 comidas diarias

–          Mantener peso ideal

–          Consumo moderado de alcohol. Lo ideal es un vaso diario de vino tinto.


Pablo Elpidio García Granja
Médico Residente de Cardiología, Hospital Clínico Universitario, Valladolid

 

 

 

REFERENCIAS:

  • Ponikowski P, Voors AA, Anker SD et al. 2016 ESC guidelines for the diagnosis and treatment of acute and chronic heart failure. The Task Force for the diagnosis and treatment of acute and chronic heart failure of the European Society of Cardiology /ESC). Developed with the special contribution of the Heart Failure Association (HFA) of the ESC. Eur Heart J 2016; 37: 2129 – 2200.

 

Revisado: enero 2017

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *